«La “Yihad ciclista”

Los verdaderos ciclistas furiosos no son quienes organizan los pedaleos de los primeros martes de cada mes.

15-10-2018

Los verdaderos ciclistas furiosos no son quienes organizan los pedaleos de los primeros martes de cada mes.

Es una pequeña comunidad que ha perdido toda racionalidad en el debate sobre transporte, comportándose como una secta religiosa, una ‘Yihad ciclista’, como la bautizó un amigo periodista. La última encuesta que mide cómo viajan los capitalinos realizada en 2011, concluyó que un 4% de la población se mueve en bicicleta, un índice parecido a Nueva York. Racionalmente, usted pensaría que 4% es minoría, pero ni lo sugiera: le caerá la furia yihadista acusándolo de criminalizar su movimiento.

Su intolerancia se extiende a varios ámbitos. No les gusta escuchar que el uso de la bici crece cuatro veces más en las personas de altos ingresos, como lo demostraron Razmilic y Herrera. De poco sirve explicarles que los pobres viven en una periferia alejada, así que es obvio que pedaleen menos que habitantes del barrio alto que tienen todo a la mano.

Esa negación se explica porque la ‘Yihad’ viene del ‘urbanismo caviar’, esa que imagina una bicicleta popular que mueve miles de obreros por los cordones industriales de un Santiago inexistente, que nos comparan con su tierra santa de Amsterdam, pese a que tiene nueve veces más población y bastante menos riqueza. La ‘Yihad’ tampoco tolera el auto. Lo culpa de todos los males, incluyendo la muerte del Transantiago, apoyando el duelo de sus primos ‘busistas’.

A los automovilistas los tratan como delincuentes ambientales desde un pedestal de superioridad moral que les da licencia para andar por las veredas haciendo eslalon con los peatones. Esta actitud es insostenible. El debate sobre el transporte debe basarse en evidencia y no en dogmas religiosos. Nadie dice que la bicicleta sea irrelevante, pero su aporte debe medirse por el número de personas que la ocupan, sin olvidar los modos que usa la mayoría.

Me refiero al 35% que camina por veredas en mal estado, el 29% que sufre con los restos del Transantiago o el 28% que se cambió al auto. Ese 92% merece respuestas efectivas de las autoridades, que a veces ceden a la presión de la ‘Yihad’, portando sus consignas en carteles o participando de sus caravanas con tours por La Moneda. Quizás lo más lamentable de la santificación de la bicicleta ha sido quitarle su simpleza y nobleza como medio de transporte, esa que aún vemos en trabajadores rurales, niños y ciclistas urbanos que pedalean con alegría y relajo. Sin creer que están salvando el planeta y que merecen un trato especial por ello.

Disponible en La Tercera