«Militarizar la respuesta policial: presión ciudadana y malos resultados»

«No hay otro camino serio. Para algunos el rédito electoral de proponer militarización puede ser alto, pero seamos claros en afirmar que esta es una propuesta populista, negligente y altamente peligrosa por que ayuda a erosionar las bases mismas de la democracia.»

17-05-2019

El llamado a militarizar la respuesta frente al delito está a flor de piel. Para muchos ciudadanos asustados por la presencia del crimen en sus territorios o por lo que observan en los medios de comunicación, la presencia de militares suena como una alternativa viable de resguardo y protección. La percepción generalizada en América Latina que el crimen avanza, la violencia se consolida, el narcotráfico controla territorios y la policía no logra de forma efectiva y seria prevenir o controlar estos problemas. En las últimas semanas la presencia de celdas VIP para narcos en centros penitenciarios, narco-estética en funerales y otros eventos masivos, y el aumento de la violencia ha también generado este debate en Chile.

Pero hay que ser claros, militarizar la respuesta policial no sirve. Este proceso tiene dos elementos. Primero, sacar a los militares a apoyar patrullaje callejero, persecución e incluso investigación criminal basados en la percepción, que su nivel de profesionalización es mucho mayor que la policial, que cuentan con mayor confianza ciudadana y que su despliegue atemoriza a los grupos criminales. Segundo, transformar las organizaciones policiales en cuerpos militarizados. De esta forma cambiar la selección, entrenamiento y tácticas para consolidar un esquema de trabajo de tipo militar donde se privilegian los escuadrones tácticos, el uso de armamento pesado y el despliegue territorial de grupos especiales.  La evidencia en Estados Unidos, México, Brasil y varios otros países de América Latina donde este fenómeno está ocurriendo es rotunda en su ineficiencia para disminuir el delito.

Por el contrario, la militarización en cualquiera de sus dos caras aumenta la violencia callejera dado que las organizaciones criminales tienen a aumentar su poder de fuego para enfrentar a los grupos especiales desplegados en el territorio. De la mano viene el aumento de los homicidios en el enfrentamiento entre bandas criminales pero también entre el Estado y el crimen. Lo que lejos de ser entendido como un hecho de efectividad solo refleja el aumento de uso de la fuerza innecesaria y la violación permanente de derechos humanos principalmente de los grupos de la población tradicionalmente más desprotegidos.

Adicionalmente, las policías militarizadas son las más difíciles de reformar y donde el control civil se torna un acompañante lejano. Para muestra solo es necesario revisar los procesos de urgente reforma de Carabineros propuestos con urgencia hace unos meses y los efectivos cambios realizados. La posibilidad de instalar o consolidar mecanismos de control civil, vigilancia ciudadana o incluso transparencia en los gastos se aleja, mientras más cerca están las policías de usar uniformes de guerra, marchar, cantar himnos y estar bajo la justicia militar.

Es decir no es una medida efectiva, mucho menos eficiente dado que la militarización generalmente trae una tendencia exponencial de inversión pública en armamento, infraestructura y entrenamiento que tampoco necesariamente enfrenta los problemas con seriedad. Mientras más “estratégico” es considerado el presupuesto policial, más son las voces que reclaman por limitada transparencia, consideraciones de seguridad nacional y varias otras barreras para que la ciudadanía se entere de la forma como se realiza el gasto público.

Finalmente, la militarización distancia a la policía de la ciudadanía. Aumenta el temor y consolida la desconfianza dado el despliegue de fuerza en algunos territorios y la sensación de inoperancia en otros. La necesaria consolidación de una buena relación entre la policía y la ciudadanía no puede ser tarea secundaria del trabajo policial sino medular. No puede ser tarea que se realice desde la distancia del armamento de alto calibre o desde los tanques blindados sino desde la operación cotidiana con la ciudadanía que se siente temerosa incluso en los barrios donde habita.

Por supuesto que la presencia de organizaciones vinculadas con mercados ilegales es una preocupación principal que requiere de capacidad de prevención y control policial. Militarizar no es la respuesta sino por el contrario fortalecer instituciones de alto nivel profesional que puedan avanzar con pie firme con investigaciones serias que utilizando la tecnología disponible aumenten las probabilidades de condena. Instituciones que con presencia cotidiana y transparencia tengan como misión principal proteger a los ciudadanos de forma cotidiana mediante el fortalecimiento de vínculos y no colocando barreras.

No hay otro camino serio. Para algunos el rédito electoral de proponer militarización puede ser alto, pero seamos claros en afirmar que esta es una propuesta populista, negligente y altamente peligrosa por que ayuda a erosionar las bases mismas de la democracia.

Disponible en La Tercera